Y EN VERANO, ¿QUÉ HACEMOS CON LOS NIÑOS?

¿Les ponemos deberes? ¿Debemos ser estrictos con los horarios? Éstas y muchas otras son las preguntas más frecuentes que recibimos de nuestros padres para afrontar unas largas vacaciones de verano con los niños.

En primer lugar, no debemos agobiarnos. El verano es una oportunidad única para pasar más tiempo de calidad con nuestros hijos (conocerles mejor, aumentar las posibilidades de aprendizaje, mejorar nuestra comunicación con ellos y reforzar los vínculos).

Debemos tener en cuenta que todos tenemos derecho a vacaciones, padres e hijos. Y al igual que nosotros no deberíamos llevarnos trabajo a casa durante el período vacacional, no podemos pretender que nuestros hijos se pasen el verano haciendo deberes. Deben disfrutar del tiempo de ocio, pero este ocio no tiene por qué ser siempre pasivo o desvinculado del aprendizaje. Es importante mantener ciertos hábitos como la lectura, la conversación, la redacción de experiencias e incluso los cuadernos de verano o tareas recomendadas por los profesores, adaptadas a las necesidades de cada uno. Pero para ello debemos planificarnos e instaurar ciertas rutinas y momentos específicos para realizar cada una de estas actividades.

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Mantenimiento de las rutinas

Es vital que los niños no pierdan la idea de rutina diaria que hemos mantenido durante todo el año. Aunque en verano debemos ser más flexibles y adaptarnos a las circunstancias. Lo ideal es que los niños puedan aumentar sus horas de sueño, garantizando así un descanso adecuado. La hora de ir a dormir puede alargarse más de lo habitual, pero dentro de unos límites, según cada edad, siempre respetando los ritmos circadianos.

¿Ponerles deberes?

El niño no necesita “desconectar” en el sentido que damos al adulto, lo que si necesita es separarse del aprendizaje basado en el libro de texto y evitar así tareas sistemáticas y convencionales. Las diferencias entre el tiempo escolar y el tiempo de vacaciones no han de plantearse como excluyentes, sino como diferencias de énfasis. En la escuela se aprende y en las vacaciones también se aprende pero otras cosas y de otra manera. Es un buen momento para que los niños se vayan haciendo responsables de su tiempo y para que participen más en la organización de la vida familiar. Siempre teniendo en cuenta las necesidades de cada niño, debemos poder complementar las tareas encomendadas por los profesores, con otro tipo de tareas que faciliten de la misma forma el aprendizaje.

La emoción es el ingrediente secreto del aprendizaje, dice la neurociencia, fundamental para quien enseña y para quien aprende. El aprendizaje es significativo cuando es vivido, cuando nace de la curiosidad interna. Los estudios neurocientíficos nos indican que sólo se aprende verdaderamente lo que genera emoción, aquellas vivencias que son diferentes y sobresalen de la monotonía. El verano nos brinda la oportunidad de vivir experiencias de aprendizaje verdaderamente significativo que no debemos dejar escapar.

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Aquí os mostramos algunas de esas experiencias o actividades veraniegas que además de potenciar el aprendizaje significativo, nos permiten realizar actividades en familia:

  • Aprende a cocinar: es una tarea perfecta para poner a prueba la lectura comprensiva o escritura funcional al redactar una receta propia, requiere el uso de las matemáticas, la compra de ingredientes, la memoria procedimental (al recordar los pasos a seguir para realizar, por ejemplo, una tarta), etc. Y puede convertirse en un buen momento para realizar una actividad en familia y adquirir nuevas responsabilidades domésticas.
  • Cultivar los intereses personales: El verano se convierte en una época privilegiada para fomentar esos intereses y aficiones que no hemos podido disfrutar durante el curso escolar. Leer en la piscina o en la playa, pero siempre libros que motiven y despierten interés en el niño. Hacer fotografías y crear un diario personal para fomentar la escritura. ¡En definitiva! Dejemos que despierten su propia creatividad.
  • Trabajar las emociones: Una de las parcelas que menos cultivamos en la escuela y que se convierten en el pilar fundamental para el equilibrio emocional y cognitivo de nuestros niños. Explorar las emociones, saber identificarlas,… Existe gran variedad de juegos relacionados con las emociones. Las emociones encienden y mantienen la curiosidad y la atención y con ello el interés por el descubrimiento de todo lo que es nuevo, por ejemplo, cualquier aprendizaje en el aula. Las emociones son, en definitiva, la base sobre la cual se sustentan todos los procesos de aprendizaje y memoria.
  • Disfrutar de nuevas experiencias: Descubrir, explorar, experimentar, ofrecer experiencias en las que puedan marcarse retos y ver que son capaces de conseguirlos o superarlos. Bicicleta, deportes, ir a los campamentos de verano (siempre que ellos quieran), realizar cuadernos de verano si les apetece, leer solo por el mero hecho de disfrutar de la lectura. Aprender es, en su esencia, el proceso en virtud del cual se asocian cosas, sucesos en el mundo, se distinguen cosas (perros de gatos y de sillas), se clasifican cosas (animales de objetos) y gracias a lo cual adquirimos nuevos conocimientos.

 

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Desmontando mitos

 No nos dejemos engañar, con estudios que profetizan sobre si durante el verano los niños experimentan una pérdida promedio de lo aprendido que equivale a un mes de aprendizaje; Sobre si las matemáticas y la ortografía son las asignaturas más susceptibles de ser olvidadas; Sobre si los niños no leen durante las vacaciones, esta pérdida es equivalente a dos meses en su capacidad de lectura. Cuando se nace, aprender es el primer mecanismo cerebral que se pone en marcha para adaptarse al medio ambiente. La neurociencia advierte de la importancia de la interacción con el entorno, manipulación, acción y participación para el desarrollo neurológico y cognitivo adecuado. Facilitando así mayores conexiones entre neuronas, mayor consolidación de los aprendizajes y más efectivos.

Desde el Centro ITAE, centro altamente cualificado en la atención integral del niño, el adolescente y su familia, os recomendamos que este verano potenciéis el pasar tiempo con vuestros hijos, reforcéis los vínculos afectivos y tengáis presente que el aprendizaje y el desarrollo cognitivo no está única y exclusivamente ligado a los deberes. Solo se aprende verdaderamente aquello que llama la atención y genera emoción!

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Júlia Pérez Albors

Psicóloga Clínica Infanto-Juvenil y Neuropsicóloga

Responsable Unidad Infanto-Juvenil Centro ITAE

Centre ITAE

Via Augusta, 291 baixos – 08017 Barcelona

93 206 51 51

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